Entrevista a Víctor Ramos
Los bolivianos nos invaden, los coreanos no pagan impuestos y comen perros, los peruanos son delincuentes, los punkies son peligrosos, los más jóvenes son todos drogadictos y violentos, los que viven en las villas son ladrones, los gordos son buenísimos, los ciegos son taimados, los homosexuales son pervertidos y los judíos son amarretes.
El párrafo es una recopilación de lo más granado del folklore callejero y barrial, del pensamiento de muchos de los habitantes de este suelo cuya Consitución, en el artículo 16, reza: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad, la igualdad en la base del impuesto y de las cargas públicas”.
A pesar del artículo, la discriminación arrecia, aquí y en el mundo. Los cibercaballos de la globalización clavaron los dientes hasta el hueso en el cascote que habitamos y si el uniforme de lo igual y parecido tranquiliza, la cara distinta, las costumbres diferentes, los raros peinados nuevos, matan de miedo.
-La discriminación es peor ahora que hace diez, quince años -dice Víctor Ramos-, porque los conflictos en el mundo son étnicos, raciales, religiosos, migratorios, frente a la nacionalización surgen el nacionalismo, la tribalización.
Víctor Ramos es secretario de Estado, director del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), dependiente del Ministerio del Interior y que desde su creación, hace siete meses, ya recibió más de 2000 denuncias vinculadas con la discriminación.
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