Crecen las protestas en distintas refinerías por la contratación de mano de obra extranjera
LONDRES.- Los huelguistas británicos apostados en más de media docena de refinerías petroleras, compañías constructoras y de la planta nuclear de Sellafield mantenían ayer firme su protesta en contra de la contratación de trabajadores extranjeros y recibían, incluso, nuevas adhesiones, como la de 600 obreros de la importante planta eléctrica Langage, en el sureño puerto inglés de Plymouth.
En la refinería de Lindsey, en Lincolnshire, donde estalló el conflicto el viernes pasado por la llegada de trabajadores italianos y portugueses, Keith Gibson, del Sindicato General Británico (GMB), acusó al gobierno laborista de Gordon Brown de querer destruir los acuerdos laborales nacionales y reducir la calidad de vida de los trabajadores británicos al mínimo.
Ante la hostilidad expresada por los huelguistas, 80 italianos y 20 portugueses que trabajan allí fueron alojados en una barcaza anclada en el cercano puerto de Grimsy.
La tensión, sin embargo, no se transformó aún en actos de violencia. Claudio Scarano, director de la firma constructora siciliana Irem, que ganó el contrato de la firma francesa Total para la construcción de una nueva unidad de refinamiento en el lugar, dijo que todo su plantel quiere trabajar con los británicos como si fueran "hermanos".
"Entendemos por lo que están pasando, pero ellos parecen haberse olvidado de que nuestra compañía también está haciendo un trabajo en Ravena, donde contratamos a 150 obreros británicos", destacó.
El Servicio de Arbitrio y Conciliación (ACAS), convocado por el gobierno para mediar en el conflicto, supervisó ayer las primeras negociaciones entre Total, Irem y los sindicatos, pero éstas fueron suspendidas aparentemente sin resultados concretos.
En tanto, se estima que las huelgas están ocasionando pérdidas de hasta 1000 millones de dólares al erario británico.
El ministro para la Empresa, lord Peter Mandelson, reiteró su llamado a "no gastar energías en una política de la xenofobia para aprovecharlas mejor en la lucha contra la recesión económica".
Pero sus declaraciones fueron refutadas por Derek Dimpson, líder de Unite, el mayor sindicato del sector manufacturero. "Estas huelgas no tienen nada que ver con raza. Se trata de luchar contra empleadores que explotan a los trabajadores más allá de su nacionalidad, al recortarles las condiciones laborales por las que tanto lucharon".
En una consulta callejera realizada por LA NACION, las opiniones tanto de británicos como de extranjeros fueron dispares. "Normalmente no apoyo las huelgas, creo que hay mejores formas de arreglar las cosas. Pero alguien tiene que decirle a los políticos que en medio de la recesión no podemos regalar nuestras fuentes de trabajo al mejor postor", sostuvo Victoria Bohman, maestra inglesa, de 54 años.
"Estos huelguistas se están equivocando de blanco - opinó Ruairidh Howells, músico escocés, 27 años -. El problema no lo crean los extranjeros, sino la desigualdad de salarios de la Unión Europea".
"No me parece mal que los británicos se quejen si creen que alguien les está robando el pan de la mesa. Los extranjeros sólo tenemos que ocupar los puestos que ellos dejan vacantes", sostuvo Katrina Pumlukova, enfermera ucraniana, 33 años,
Pero Alejandro Páez Blanco, un guatemalteco que estudia biología en la Universidad de Oxford, dijo temer que el conflicto genere represalias. "A un amigo colombiano, que está a punto de terminar su doctorado, le llegó una carta del Ministerio del Interior británico revocándole la extensión de la visa que acababan de darle. No me extrañaría que algo haya tenido que ver con el actual clima de xenofobia."
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/
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