Huyen de la guerra y el hambre que azota su país, pero se enfrentan a robos, agresiones y amenazas.
"La hierba es más verde aquí", piensan las decenas de ciudadanos somalíes que cada mes tratan de entrar en Sudáfrica, según Abdul Gurey, vicesecretario de la Comunidad Somalí de Johannesburgo. "Luego -precisa Gurey-, se dan cuenta de que la cosa no es tan bonita como pensaban, pero sólo lo saben cuando ya están aquí".
Dejan atrás la guerra que enfrenta al Gobierno de Transición de Somalia con la milicia islamista radical Al Shabab, en autobús o en tren, a través de Kenia, Tanzania, Mozambique o Zimbabue hasta alcanzar la frontera donde la hierba parece más verde.
La permisiva legislación de Sudáfrica sobre refugiados no se corresponde con el trato que reciben después en los suburbios de Johannesburgo, East London (sureste) o Ciudad del Cabo (sur).
En los barrios pobres a las afueras de las grandes ciudades, las tiendas de los refugiados somalíes son vistas como una amenaza para los pequeños negocios locales.
La violencia xenófoba se ha instalado en los arrabales sudafricanos desde el año 2008, cuando 62 inmigrantes fueron asesinados en el barrio de Ramaphosa (Johannesburgo) y miles tuvieron que abandonar el país.
En los últimos seis meses, al menos siete somalíes han sido asesinados, 69 tiendas han sido saqueadas, cinco han sido pasto de las llamas y 80 personas han sido detenidas por amenazar o agredir a refugiados de Somalia, según la prensa local.
Un estudio presentado por el Instituto Sudafricano de Relaciones Internacionales (SAIA) el pasado junio dio la peor calificación posible al Gobierno sudafricano en la lucha contra la xenofobia, y le conminó a tomar medidas para atajar los ataques a ciudadanos extranjeros en lugar de negar el problema.
"Los somalíes son blanco de los ataques de comerciantes, muchas veces con la connivencia de las autoridades locales. Es un problema que no se puede negar, sino que hay que destacar", afirma Sergio Calle Norena, representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) de África meridional.
"La Policía de Sudáfrica, no obstante, ha actuado positivamente en este último año. Creamos un grupo de trabajo conjunto, y la policía está actuando a tiempo", añade Calle Norena.
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